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Historia del Teatro Musical (Cuarta Parte)

Los años 1970


42nd Street (Calle 42)



1976 trajo uno de los grandes musicales contemporáneos a la escena. A Chorus Line que surgió de las cintas grabadas de las sesiones de trabajo estilo terapia de grupo conducidas por Michael Bennett con “gypsies” - aquellos que cantan y bailan en apoyo de los actores principales – invitándolos a compartir sus sentimientos y frustraciones en sus carreras. Kirkwood, Jr y N. Dante formaron el libreto sobre el casting para un musical, incorporando en él muchas de las historias verídicas de aquellos que se habían sentado en las sesiones. A Chorus Line barrió con los Tony Awards, ganó el Premio Pulitzer, y su canción hit, What I Did for Love, se hizo de inmediato un clásico.




Los auditorios de Broadway estaban impacientes para dar la bienvenida a los musicales que habían extraviado el estilo habitual y sustancia, surgieron Cabaret de John Kander y Fred Ebb, Chicago, Pippin de Stephen Schwartz. Al final de la década, Evita entregó una biografía política más seria a la que los auditorios estaban acostumbrados en los musicales, y Sweeney Todd fue el precursor de los grandes musicales más densos, de grandes presupuestos de los años 1980. Pero al mismo tiempo, valores pasados de moda todavía eran aplaudidos con éxito como Annie, 42nd Street, My One and Only, No, No, Nanette e Irene.













Los años 1980 y 1990

Los años 1980 y 1990 vieron la influencia de los "mega-musicales" europeos "u óperas pop", que presentaban una banda sonora influida por la música pop y tenían grandes elencos y escenarios y fueron identificados más por sus efectos notables – un candelabro de luces cayendo, un helicóptero que aterriza en el escenario – aún cuando ellos eran algo más que la producción. Muchos estaban basados en novelas u otros trabajos de la literatura. Los escritores más importantes de mega-musicales incluyen al equipo francés de Claude-Michel Schönberg y Alain Boublil, responsable de Les Misérables y Miss Saigon (inspirado por Madame Butterfly); y el compositor británico Andrew Lloyd Webber, que escribió Evita, basado en la vida de Eva Perón de Argentina, Cats, sacado de los poemas de T. S. Eliot, The Phantom of the Opera se derivó de la novela "Le Fantôme de l'Opéra" escrito por Gaston Leroux, y Sunset Boulevard (de la película clásica del mismo nombre).

Los años 90 vieron la influencia de grandes corporaciones en la producción de musicales. El más importante fue Disney, que comenzó a adaptar algunas de sus películas musicales animadas - como Beauty and the Beast y The Lion King y también creó producciones teatrales originales como Aida con la música de Elton John.

Hubo preocupación de que el gran público había perdido el gusto por el musical. Uno de los escritores más importantes que intentó aumentar la popularidad de los musicales entre un auditorio más joven fue Jonathan Larson, cuyo Rent (basado en la ópera La Bohème) presentó un elenco joven y en cuya banda sonora influyó el rock. El musical ha sido de un enorme éxito. El espectáculo es uno de los de más larga duración en Broadway. Otros escritores que han intentado traer el gusto por la música rock moderna al escenario incluyen a Jason Robert Brown, y el UK's Komedy Kollective cuyo musical Restart combina el baile urbano con música no tradicional.

El Teatro Musical en los 70's

Por Marta Opacak

Cada década ha dejado su sello en la evolución del teatro musical de Broadway. La del setenta, trae modificaciones en la temática de sus libretos, en la renovación de su estilo musical que ampliaría el espectro de público consumidor a los adolescentes y en las pautas del itinerario turístico nacional e internacional de la ciudad de Nueva York, que incluirá la visita a presenciar este tipo de espectáculos como estrategia económica municipal.

En los setenta, se incorpora definitivamente la música rock a este género, luego del puntapié inicial con "Hair" (1968) a fines del decenio anterior. Ya no sorprenderá oir el término "ópera rock", ni ver a los popes de esta música (Meat Loaf, Ian Gillan, etc) incluidos en los castings junto con los habitués de dichos elencos.También éste es el período en que la industria del cine, dejará de bombardear al público con las otrora frecuentes megaproducciones que abrevaban en los clásicos de Broadway. A partir de aquí, sólo tendremos ejemplos cada vez más esporádicos y en la mayoría de los casos, totalmente olvidables. Es llamativo comprobar que con las únicas excepciones de "Jesucristo Superstar" (Norman Jewison - 1973), "A little night music" (Harold Prince - 1978) y de la que se convertiría en película de culto "The Rocky Horror Show", (redenominada "The Rocky Horror Picture Show" en 1975, dirigida por Jim Sharman), todos los ejemplos que se escogieron para llevar a la pantalla, fueron de musicales de otras décadas. De la lista que incluye a "El violinista en el tejado" (Norman Jewison -1971), "Mame" (Gene Saks - 1974), "Grease" (Randal Kleiser -1978), y "Hair" (Milos Forman -1979), tenemos un solo ejemplo que se destaca claramente, tal vez por haber sido dirigida por un maestro innovador de la coreografía de este género. Se trata de "Cabaret" (1972), nada menos que de Bob Fosse.



La temática de los argumentos, se aparta cada vez más del tradicional cuento de hadas con final eternamente feliz. La historia de un aparentemente honesto peluquero, que es en realidad un oculto asesino serial, que acumula los cadáveres de sus clientes en su depósito, ("Sweeney Todd"), críticas antiimperialistas, ("Pacific Overtures"), la situación de desempleo dentro del mismo negocio musical ("A Chorus Line"), la vida cotidiana de personajes de historieta ("You're a good man, Charlie Brown"), todo valdrá a partir de ahora. Incluso el tema religioso tendrá cabida aquí, con dos ejemplos que aunque reciben una cuota de críticas de los sectores más tradicionales, acercan también a los más jóvenes a este tipo de espectáculos: "Godspell" (Evangelio), de Stephen Schwartz (1976) y por supuesto, "Jesucristo Superstar" de Andrew Lloyd Webber (1971).






Merece párrafo aparte, la incorporación por primera vez en este tipo de disciplina, de los personajes de la historia política argentina con la "Evita" de Lloyd Webber (1979). Dicha obra, tendría como protagonista a una de las grandes divas del género de todos los tiempos, que se haría famosa en esta década y por este papel: Patti LuPone. Y aunque el alcance de esta nota no es la historia del musical en nuestra ciudad, que requeriría otro tipo de tratamiento, no cuesta nada mencionar que aquí se pusieron en escena en el período que nos compete, las siguientes producciones de Broadway de los setenta: "Aplausos" de Charles Strouse (en 1972), "Pippin" y "Godspell" de Stephen Schwartz (en 1974), "The Rocky Horror Show" de Richard O'Brien (en 1975), "Los Fantástikos" de Harvey Schmidt (en 1977), "Chicago" de John Kander (en 1977) y "Yo amo a mi mujer" de Cy Coleman (en 1979).


El panorama de la década no estaría completo sin algunas referencias al premio específico del rubro: el Tony. De las obras que ganaron en la categoría "mejor musical", rescatamos por sus méritos artísticos, y su permanencia en el tiempo a "Company", "A little night music" y "Sweeney Todd" de Stephen Sondheim, a "A Chorus line" de Marvin Hamlisch, a "Annie" de Charles Strouse y por supuesto a "Evita" de Andrew Lloyd Webber, sin dejar al menos de mencionar a una ilustre nominada, la "Chicago" de John Kander.

Para terminar, digamos que es una campaña publicitaria altamente exitosa, la de "I love NY" que incluía un corazoncito colorado reemplazando al verbo, la que convierte en esta época al musical, en un fenómeno turístico de gran escala, claramente asociado con la idiosincrasia cosmopolita de esta ciudad, que ayudará a sanear sus finanzas por mucho tiempo, en tanto la gente esté dispuesta, a responder al llamado del clásico de Al Dubin de los 30, "Listen to the Lullaby of Old Broadway!".