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Historia del Teatro Musical (Primera Parte)

El teatro musical, el arte de contar historias a través o con canciones, se remonta a la India antigua, o al menos a los griegos antiguos, que incluyeron la música y el baile en sus comedias y tragedias tan temprano como el siglo V a.c. Las comedias romanas de Plautus del siglo III a.c. incluyeron canciones y rutinas de baile con orquestaciones. En los siglos XII y XIII, se enseñó la liturgia a través de dramas religiosos que a veces alternaban diálogos en prosa y cánticos litúrgicos. Cercano al Renacimiento, estas formas habían evolucionado a la commedia dell'arte, una tradición italiana donde estentóreos payasos improvisaban su arte a través de historias familiares, y desde allí, a la ópera buffa.


Por los años 1700, eran populares en Gran Bretaña, Francia y Alemania, dos formas del teatro musical: las óperas de balada, como The Beggar's Opera (1728) de John Gay, con canciones populares y letras nuevas, y óperas cómicas, con música y letras originales. Además de estas fuentes, el teatro musical remonta su linaje al vaudeville, al music hall británico, al melodrama y al burlesque.

La primera obra de larga duración de cualquier clase registrada fue The Beggar's Opera, que tuvo 62 interpretaciones sucesivas en Londres (1728). Según los mejores estudios contemporáneos, la primera obra musical de larga duración en América fue Flora o The Hob on the Wall, una ópera de balada presentada en Charleston alrededor de 1735. Nueva York no tuvo una presencia teatral significativa hasta aproximadamente 1750, y el primer musical "duradero" de Broadway registrado con 50 interpretaciones, fue The Elves en 1857.
  • DESARROLLO DEL MUSICAL MODERNO

Se piensa que la primera obra de teatro que se sujeta a la concepción moderna de un musical fue The Black Crook, que se estrenó en Nueva York el 12 de septiembre de 1866. La producción era de una asombrosa longitud de cinco horas y media, pero a pesar de ello, alcanzó unas excepcionales 474 interpretaciones. Edward Harrigan y Tony Hart produjeron musicales en Broadway entre 1878 y 1884 con caracteres y situaciones tomadas de la vida diaria de las clases inferiores de Nueva York. Cientos de comedias musicales fueron llevadas al escenario en Broadway en los años 1890 y a principios de los años 1900 pero, entre 1875 y la Primera Guerra Mundial, los musicales de más larga duración fueron predominantemente británicos: obras de Gilbert y Sullivan, Alfred Cellier y B. C. Stephenson, George Edwardes, Paul Rubens, George Dance junto al compositor americano Howard Talbot, Seymour Hicks (junto al productor americano Charles Forman) con el compositor Charles Taylor y otros.

Los musicales estuvieron al comienzo bajo la influencia de la ópera ligera y la opereta y luego compitieron con esta última. En Inglaterra, Gilbert y Sullivan crearon un equivalente inglés de la opereta francesa, diseñada entonces simplemente como ópera cómica. Los trabajos de estos compositores en los años 1870 y años 80 (juntos con las formas existentes de burlesque, vaudeville y music hall) influyeron en el desarrollo del musical. A comienzos del siglo XX, las operetas sentimentales de una nueva generación de especialistas se extendieron desde Europa a través de todo el mundo de habla inglesa, desplazando a los primeros musicales ligeros británicos y americanos. Ellos influyeron en el trabajo posterior de otros compositores como Kern y Hebert, también influenciados por Gilbert y Sullivan y compositores más tempranos, mostrando que un musical podría combinar un ligero toque popular con la verdadera continuidad entre historia y números musicales, al igual que en la siguiente generación de compositores, como Sigmund Romberg, George Gershwin, y Noel Coward, y éstos, a su vez, influyeron en los musicales de Rodgers, Sondheim y muchos otros más tarde.

El Teatro Musical en los 70's

Por Marta Opacak

Cada década ha dejado su sello en la evolución del teatro musical de Broadway. La del setenta, trae modificaciones en la temática de sus libretos, en la renovación de su estilo musical que ampliaría el espectro de público consumidor a los adolescentes y en las pautas del itinerario turístico nacional e internacional de la ciudad de Nueva York, que incluirá la visita a presenciar este tipo de espectáculos como estrategia económica municipal.

En los setenta, se incorpora definitivamente la música rock a este género, luego del puntapié inicial con "Hair" (1968) a fines del decenio anterior. Ya no sorprenderá oir el término "ópera rock", ni ver a los popes de esta música (Meat Loaf, Ian Gillan, etc) incluidos en los castings junto con los habitués de dichos elencos.También éste es el período en que la industria del cine, dejará de bombardear al público con las otrora frecuentes megaproducciones que abrevaban en los clásicos de Broadway. A partir de aquí, sólo tendremos ejemplos cada vez más esporádicos y en la mayoría de los casos, totalmente olvidables. Es llamativo comprobar que con las únicas excepciones de "Jesucristo Superstar" (Norman Jewison - 1973), "A little night music" (Harold Prince - 1978) y de la que se convertiría en película de culto "The Rocky Horror Show", (redenominada "The Rocky Horror Picture Show" en 1975, dirigida por Jim Sharman), todos los ejemplos que se escogieron para llevar a la pantalla, fueron de musicales de otras décadas. De la lista que incluye a "El violinista en el tejado" (Norman Jewison -1971), "Mame" (Gene Saks - 1974), "Grease" (Randal Kleiser -1978), y "Hair" (Milos Forman -1979), tenemos un solo ejemplo que se destaca claramente, tal vez por haber sido dirigida por un maestro innovador de la coreografía de este género. Se trata de "Cabaret" (1972), nada menos que de Bob Fosse.



La temática de los argumentos, se aparta cada vez más del tradicional cuento de hadas con final eternamente feliz. La historia de un aparentemente honesto peluquero, que es en realidad un oculto asesino serial, que acumula los cadáveres de sus clientes en su depósito, ("Sweeney Todd"), críticas antiimperialistas, ("Pacific Overtures"), la situación de desempleo dentro del mismo negocio musical ("A Chorus Line"), la vida cotidiana de personajes de historieta ("You're a good man, Charlie Brown"), todo valdrá a partir de ahora. Incluso el tema religioso tendrá cabida aquí, con dos ejemplos que aunque reciben una cuota de críticas de los sectores más tradicionales, acercan también a los más jóvenes a este tipo de espectáculos: "Godspell" (Evangelio), de Stephen Schwartz (1976) y por supuesto, "Jesucristo Superstar" de Andrew Lloyd Webber (1971).






Merece párrafo aparte, la incorporación por primera vez en este tipo de disciplina, de los personajes de la historia política argentina con la "Evita" de Lloyd Webber (1979). Dicha obra, tendría como protagonista a una de las grandes divas del género de todos los tiempos, que se haría famosa en esta década y por este papel: Patti LuPone. Y aunque el alcance de esta nota no es la historia del musical en nuestra ciudad, que requeriría otro tipo de tratamiento, no cuesta nada mencionar que aquí se pusieron en escena en el período que nos compete, las siguientes producciones de Broadway de los setenta: "Aplausos" de Charles Strouse (en 1972), "Pippin" y "Godspell" de Stephen Schwartz (en 1974), "The Rocky Horror Show" de Richard O'Brien (en 1975), "Los Fantástikos" de Harvey Schmidt (en 1977), "Chicago" de John Kander (en 1977) y "Yo amo a mi mujer" de Cy Coleman (en 1979).


El panorama de la década no estaría completo sin algunas referencias al premio específico del rubro: el Tony. De las obras que ganaron en la categoría "mejor musical", rescatamos por sus méritos artísticos, y su permanencia en el tiempo a "Company", "A little night music" y "Sweeney Todd" de Stephen Sondheim, a "A Chorus line" de Marvin Hamlisch, a "Annie" de Charles Strouse y por supuesto a "Evita" de Andrew Lloyd Webber, sin dejar al menos de mencionar a una ilustre nominada, la "Chicago" de John Kander.

Para terminar, digamos que es una campaña publicitaria altamente exitosa, la de "I love NY" que incluía un corazoncito colorado reemplazando al verbo, la que convierte en esta época al musical, en un fenómeno turístico de gran escala, claramente asociado con la idiosincrasia cosmopolita de esta ciudad, que ayudará a sanear sus finanzas por mucho tiempo, en tanto la gente esté dispuesta, a responder al llamado del clásico de Al Dubin de los 30, "Listen to the Lullaby of Old Broadway!".

¿Cómo llegó a México el Teatro Musical?


El teatro musical en México tuvo sus inicios a finales de los años sesentas y desde entonces se ha ido desarrollando.

Iniciando con montajes de obras musicales del clásico “Old Broadway” que hoy conocemos (aunque tenemos que tomar en cuenta que en ese tiempo estas obras eran lo más nuevo en las carteleras de Broadway). Éstos montajes, que incluyeron producciones como “Gypsy”, “Violinista en el Tejado”, con el legendario Manolo Fábregas en el papel de Tevye, “Mame” con Silvia Pinal, “La Novicia Rebelde”, entre otras. En los años ochentas hubo un ligero decaimiento en el teatro musical mexicano, tal vez debido a la falta de productores interesados en invertir en este tipo de espectáculos. Pero a mediados de los ochenta hubo dos grandes sucesos en el teatro musical en México: “Cats”, una producción auspiciada por Televisa, la razón por la cual el éxito de este musical fue un éxito es que era un obra relativamente nueva en Nueva York y tener la versión original mexicana, incluída una gira nacional, la grabación de un cassette con el reparto original, dio como resultado un éxito en cartelera por varios meses. Después de esto vino “Que Plantón!”, la primera obra con gran éxito enteramente mexicana, cuyo personaje principal de la Hiedra Venenosa interpretó Lolita Cortés, convirtiéndola en una de las “princesas” del teatro musical mexicano.


Otra obra que vale mucho la pena mencionar es “Houdini: la Magia del Amor”, producción de OCESA, que tuvo un excelente resultado debido a la calidad de las actuaciones y la gran aceptación que tuvo por parte del público, siendo a parecer de muchos, una de las mejores expresiones del teatro musical enteramente mexicano.


A finales de los noventa, OCESA emprende un proyecto de establecerse como la casa productora de las mejores obras musicales con reparto mexicano. Comenzó con “La Bella y la Bestia”, continuando con “RENT”, “El Fantasma de la Ópera”, “Jesucristo Superestrella”, “Hombre de la Mancha”, y recientemente “Chicago: El Musical”, estas obras han sido un parteaguas en este género, pues le han dado lugar a México a ser considerado uno de los mejores expositores de éste género teatral en Latinoamérica.


Éstas producciones teatrales han sido muy bien aceptadas por el público, y es impresionante, para el conocedor del teatro musical, el asistir a una función y poder salir diciendo con seguiridad que las producciones son de la misma calidad (si no es que superior, en algunos casos), que la de los montajes en Londres, Nueva York y Australia.
Este gran impulso que se le está dando al teatro musical en México, tiene como objetivo principal, que la Ciudad de México llegue a convertirse en uno de los principales expositores del teatro musical en el mundo, y puede decirse que lo está logrando. Tal vez el inconveniente es que OCESA utiliza básicamente los teatros Telmex 1 y 2 como foros para presentar estas obras por lo cual la cartelera se ve reducida a este número de grandes producciones, aunque claro, se cuentan con otros foros, en donde esta misma casa productora presenta espectáculo de gran calidad, no necesariamente musicales, pero teatrales como “Te amo, eres lo máximo, pero cambia” y “Monólogos de la Vagina”, excelentes representaciones tanto en producción como en actuación y dirección.


Una cosa interesante que cabe resaltar es que se están llevando a cabo intercambios de artistas entre Brasil, México, España y Argentina, en donde los repartos pueden ser parte de más de una producción, por ejemplo, varios actores de RENT México, participaron después en el reparto de RENT España.


Seguro es que esta afluencia de teatro musical de gran calidad, es un gran incentivo para los jóvenes actores y cantantes mexicanos que buscan participar en obras de calidad internacional para mostrar su talento, así como una gran oportunidad para casa productoras, directores, actores, y técnicos nacionales para participar en lo que están excelentemente bien preparados para hacer. Enhorabuena y esperamos que la calidad siga adelante, y podamos seguir apreciando estas obras musicales en mucho tiempo y con mucha variedad, como hasta ahora lo ha sido.

La aceptación del público en general hacia las obras musicales en México ha sido muy favorable recientemente, debido a la gran calidad de los espectáculos, la entrada a las funciones ha sido relativamente buena y es por esto que las productoras siguen teniendo el interés de montar obras musicales nuevas. Aproximadamente duran en cartelera de 5 meses a un año y medio, dependiendo de la afluencia de público, la calidad y el costo de la producción. Afortunadamente la mayoría de las obras que se ponen en cartelera, reciben críticas favorables, lo que permite llamar la atención del público para asistir a verlas.

Y... ¿Desde cuándo comenzó?


El arte de contar historias con o sin canciones se remonta a un tiempo inmemorable. Los musicales y las puestas en escena de tipo religioso eran apoyos principales de la cultura de la edad media. La ópera ha estado con nosotros desde 1500's pero el teatro musical y las películas no son descendientes de la ópera.